Latinoamérica: El Mercosur, criticado desde adentro y desde afuera

La presente nota es la tercera que publicamos relativa a la situación del Mercosur y a la evolución de la Alianza del Pacifico. La primera fue lo que podríamos llamar una introducción al tema (http://codigoinversor.com/2013/06/latinoamerica-mercosur-y-alianza-del-pacifico/), en la segunda (http://codigoinversor.com/2013/06/latinoamerica-profundizacion-de-los-problemas-del-mercosur/) bajamos de nivel de detalle dentro del propio Mercosur y con la actual nota de Marcelo Elizondo, Director General de Desarrollo de Negocios Internacionales –DNI (hemos trabajado juntos) http://www.cronista.com/contenidos/2013/06/14/noticia_0020.html, pretendemos seguir divulgando la problemática latinoamericana en lo que respecta a la integración de los mercados de esta parte del mundo.

Desde diversos medios de prensa (‘O Estado’ de Sao Paulo u ‘O Globo’), o por medio de dirigentes empresariales de relevancia (como Roberto Giannetti da Fonseca, de la FIESP), o a través de reconocidos expertos (como L. F. Lampreia), en Brasil han comenzado a hacerse sentir con más ruido las críticas a la rigidez del Mercosur.

Brasil fue el principal afectado por las restricciones a las importaciones argentinas en 2012 (la caída de sus exportaciones hacia Argentina, del 18%, equivalió al 70% del descenso total de importaciones argentinas) y algunas de sus empresas (Vale, Petrobras, ALL) tienen un dolor de cabeza tras otro en nuestro país.

Aunque también se quejan autoridades políticas uruguayas y paraguayas. Es que el Mercosur fue la única región cuyo comercio descendió en Latinoamérica en 2012.
Brasil no ha sido un fanático del aperturismo comercial. Pero es un experto en entender hacia dónde hacen fuerza los hechos. La Alianza del Pacífico (a nuestro oeste) o el TTP (desde EEUU, desde donde también se busca un acuerdo con la UE) evidencian un renacer de ciertas negociaciones comerciales.

Dice Ricardo Mairaldi que la razón tiene dos funciones, una es la fundamentación y la otra es la crítica (una justifica, busca el orden; la otra busca el cambio). Razonando la relación argentina con Brasil, y si tomamos el año 1995 y lo cotejamos con 2012, vemos que mientras las exportaciones totales argentinas crecieron 284%, las exportaciones a Brasil crecieron un 207%, lo que muestra que las ventas de bienes de origen agropecuario, cuyos principales mercados son transoceánicos y no sudamericanos, han sido en estos casi 20 años mas fuertes, pese a la aparición del mercado común.

Ahora bien, analizándolo como mercado en sí mismo, Brasil, el principal mercado para nuestras ventas externas, que antes del Mercosur no representaba más que el 9% del total de nuestras exportaciones, luego del acuerdo (en los ´90) siempre generó exportaciones en un porcentaje de dos dígitos.

A la vez es también cierto que Brasil ha sido un refugio para muchos sectores industriales, dado que las exportaciones argentinas a nuestro grande vecino representaron una relevante porción del total cuando Argentina perdió competitividad internacional (25% en 1995, 26% en 2000, 21% en 2010) y representaron menos, creciendo la relevancia relativa de otras regiones del mundo, en tiempos de menores costos de producción internos en Argentina (11% en 1990; 15% en 2005). Últimamente, en este sentido, ha llegado a representar el triple de lo que nos compra nuestro segundo mercado en el mundo (China) y a comprarnos una suma que equivale a lo que nos compran justos el segundo, tercer y cuarto mercados a los que exportamos.

Pero si miramos más lejos, descubrimos que desde 1980 hasta 2012, las exportaciones totales argentinas crecieron 912%, y las exportaciones a Brasil 2.114%. Está a las claras que Brasil ha sido un enorme puente hacia afuera. También que no hemos llegado con la misma fuerza más lejos.
Ahora, mientras soplan aires de liberalización en Chile, Perú, Colombia o México, en Brasil se oyen voces de lamento porque Argentina es el miembro que aprueba menos apertura en la región.
La pregunta pues, es, cómo nos sentamos a la mesa de negociaciones abiertas a nuestro derredor, donde tantos quieren estar (hasta muchos brasileños) pero donde hay que abrirse y competir.
Son tiempos de cambio en el terreno internacional. Es bueno que todos los actores (no solo el gobierno) también en Argentina generemos consensos en la materia.

La cerrazón argentina no se cambia con un decreto. Francis Fukuyama dijo hace algunos años a los propios argentinos que las instituciones políticas pueden ser fácilmente reformuladas, pero existe una matriz en la que también se debe trabajar a fondo y esa está en los rasgos de la política informal, de los valores predominantes, que son los más difíciles de cambiar.

 

 

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