Crímenes de Lesa Humanidad: ¿Como se recupera el equilibrio?

Está aceptada la calificación de lesa humanidad para los crímenes cometidos por el Estado. Pero por diversos motivos, la justicia no se aplica directamente para aquellos crímenes cometidos por organizaciones terroristas.

 

Sin embargo, la definición del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional permitiría calificar de lesa humanidad a los crímenes ejecutados por organizaciones políticas que no sean originados por el estado. Dicho Estatuto define 11 tipos de crímenes que se podrían caracterizar como de lesa humanidad:

  • Asesinato: homicidio intencionado.
  • Exterminio: imposición intencional de condiciones de vida, entre otras la privación del acceso a alimentos o medicinas, encaminadas a causar la destrucción de parte de una población.
  • Esclavitud: ejercicio de derechos de propiedad sobre una persona, incluido el tráfico de personas, en particular de mujeres y niños;
  • Deportación o traslado forzoso de población
  • Encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional.
  • Tortura
  • Violación
  • Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos o de género o por otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier crimen comprendido en el Estatuto. Por persecución se entiende la privación intencionada y grave de derechos fundamentales en violación del derecho internacional en razón de la identidad de un grupo o colectividad.
  • Desaparición forzada de personas: detención o secuestro de personas por un Estado o una organización política
  • Crimen de apartheid: actos inhumanos cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial por otro con la intención de mantener ese régimen.
  • Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionadamente grandes sufrimientos o atenten contra la integridad física o la salud mental o física: actos inhumanos de gravedad similar a otros crímenes contra la humanidad.

En un sentido amplio, las tipificaciones de crímenes resaltados en negrillas, perfectamente se podrían aplicar a las acciones terroristas.

No cabe duda que “el horror sin precedente al que el hombre descendió en la Segunda Guerra Mundial, con su Holocausto y millones de civiles arrancados a la paz de los hogares para ser asesinados, convenció a la humanidad de que, más allá de ambiciones y política, la gran tarea que tenía por delante era proteger, como nunca antes, la condición humana. Y así fue como, a partir del Estatuto de Nuremberg, de 1945, y la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, de 1948, se desencadenó uno de los mejores espectáculos jurídicos que el hombre haya presenciado a lo largo de los siglos: la creación del derecho internacional humanitario, un entretejido de convenciones internacionales destinadas a proteger al ser humano, cuya aplicación es vigilada por organismos internacionales y cuyas resoluciones deben ser respetadas por los países que las suscribieron. Este es el gran paso adelante de la humanidad y pretender desconocerlo sería ignorar el rumbo de la civilización.” (Gustavo A. Bossert, La Nación – 2005)

En 1968, la ONU adoptó la convención sobre imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad, incorporada al derecho argentino por la ley 24.584, cuya redacción deja en claro que este principio ya era una norma de derecho internacional consuetudinario (ius cogens) por más que hasta entonces no hubiese sido escrita.

El rumbo de la civilización, emprendió un camino necesario. Pero pareciera estar desestabilizado.

La comunidad jurídica internacional considera crímenes de lesa humanidad aquellos que ejecuta el Estado. Pero la comunidad se ha abstenido, hasta ahora, de extender claramente esa calificación a los crímenes cometidos por organizaciones terroristas.

Citando nuevamente al Dr. Bossert, ex miembro de la Suprema Corte de Justicia de Argentina : “El motivo de esa omisión habría sido, hasta ahora, el temor de poner en manos de gobiernos autoritarios un arma de persecución a sus opositores políticos, y no hay disposiciones expresas en los pactos ni resoluciones terminantes de los organismos internacionales que califiquen de lesa humanidad los crímenes cometidos por organizaciones terroristas, más allá de, por ejemplo, las expresiones del art. 7 del Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional, que, al definir los crímenes de lesa humanidad, dice que pueden ser cometidos por un Estado “o una organización”, lo que abre el debate sobre los alcances de esta expresión. “

En 1984 la Cámara Federal (Argentina) concreto uno de los juicios más impresionantes que se llevaron a cabo en el país: El juicio a las Juntas de Comandantes responsables de la cruenta dictadura que gobernó el país en el periodo 1976 – 1983.  “Esta hazaña no ha sido adecuadamente reconocida por la sociedad argentina. Incluso en ámbitos internacionales, tiene escaso peso especifico la dimensión histórica excepcional de los juicios argentinos a las juntas militares, aunque en los medios jurídicos extranjeros la sentencia firmada por los jueces de la Cámara Federal es hoy venerada como materia obligatoria de referencia.” (Los Hombres del Juicio – Pepe Eliaschev – pag.21).

El juicio mencionado, claramente condenatorio y  jurídicamente preciso, se refirió repetidamente en sus diversos considerandos  a las organizaciones terroristas.

(El Tribunal Federal)…” Convalida que a partir de la década de 1970 el terrorismo se agudizó de forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes (cantidad, estructura militar, capacidad ofensiva, poder de fuego, recursos económicos, infraestructura operativa y de comunicaciones, organización celular, uso de la sorpresa en los atentados irracionalmente indiscriminados, capacidad para interceptar medios masivos de comunicación, tomar dependencias policiales y asaltar unidades militares ). No duda el tribunal: la subversión terrorista puso una condición sin la cual los hechos que hoy son objeto de juzgamiento posiblemente no se hubieran producido. “(Obra citada, pág. 475).

Los párrafos mencionados muestran suficientes justificativos como para denominar de lesa humanidad las acciones terroristas.

A renglón seguido extractamos conceptos vertidos por José Luis Romero (Derechos Humanos, de la justicia a la venganza – La Nación – 24.03.14)

“Más allá de los crímenes aberrantes que pueden haber cometido (los imputados…), para la Justicia son individuos, personas iguales ante la ley y poseedores de lo que hoy llamamos derechos humanos. Son personas que, además de sufrir frecuentes discriminaciones en los procesos judiciales, en prisión resultan víctimas de un ánimo de venganza que cobra vidas. En un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976, la democracia que ya ha cumplido tres décadas está renunciando a sus principios fundadores: el Estado de Derecho y la garantía de los derechos humanos.”

“Se acerca la hora del balance de esta experiencia. La llamada política de derechos humanos ha contribuido mucho al clima de enfrentamiento faccioso que hoy sufrimos. Ha afectado seriamente a la Justicia, revelando las falencias de sus miembros -sean militantes convencidos o simplemente acomodaticios- y ha puesto al desnudo la endeblez del Estado de Derecho que se intentó construir en 1983. Se trata de un daño institucional y moral. Para quienes estas cuestiones no son importantes -me temo que no son pocos- quizá convenga recordar que la Justicia es la única defensa de los débiles, y que quienes la destruyen pueden llegar a ser, en otras circunstancias, las víctimas propiciatorias.”

Una posibilidad de recuperar el equilibrio

El principal camino para recuperar el equilibrio es una justicia igual para todos. Las definiciones del Estatuto de Roma como desaparición forzada de personas, detención o secuestro por un Estado o una organización política , asesinatos, atentados al bien público, tortura y demás deben ser medidos con la misma vara. No hay crímenes buenos y crímenes malos.

Llegados al punto actual del problema una posibilidad cierta de equilibrio es la aplicación de algo semejante de la solución sudafricana.

¿Cómo se reconstruye una comunidad que ha sido atravesada por delitos de lesa humanidad? ¿Cómo pensar el nuevo comienzo en una sociedad en la que aún conviven víctimas y victimarios, e hijos de unos y otros?

La  justicia es una forma codificada de venganza, no se puede aplicar la justicia penal a las relaciones políticas. Se debe recurrir a una refundación ética del Estado.

Uno de los hacedores del proceso sudafricano fue el genio de Desmond Tutu. Pudo hacer comprender, tanto a quienes estaban del lado del apartheid como a quienes estaban del lado del movimiento de liberación, que ellos tenían un lenguaje común que podía pertenecer a la política. Una palabra fundamental para superar las diferencias  es la idea de compañerismo, de amigo y ciudadano. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica buscó reconstruir lo que pasó en el espíritu de las personas, y el único medio era darles la libertad de palabra, que no es la palabra judicial, que no es libre sino controlada. El objetivo es poder reconstruir cómo pudo vivir ese país durante cuarenta años.

El  proceso sudafricano ha sido excepcional y singular y tal vez muy difícil de implementar.

La utopía para volver a la normalidad es el reconocimiento de todas las partes en pugna de los errores cometidos. No se puede seguir jugando en las condiciones actuales. Todos debemos pensar que cada uno tiene algo cierto y algo equivocado.

Sudáfrica esta mirando al futuro y Argentina esta encadenada al pasado.  Aquí los jóvenes están hundidos y aprisionados en el pasado.

(Extracto de la entrevista al filósofo francés Philippe Joseph Salazar, llevada a cabo por Astrid Pikielny. Enfoques – La Nación –  Marzo 2014)

Federico Rivero Lahitte