Entre la seducción y la búsqueda de equilibrio

 

Hay indicios que la relación con China tiene posibilidades de profundizarse. Repetidamente nos hemos ocupado de China en su relación conexión con el mundo. Años atrás creímos que se nos abría el cuerno de oro hacia Latinoamérica y especialmente hacia Argentina, pero en realidad hacia nuestro país no sucedió nada demasiado importante, salvo el aumento de nuestro déficit comercial. El día de hoy está llegando el Presidente de China,  Xi Jinping. Todo lleva a pensar que en esta visita se concretaran acuerdos importantes. La comitiva visitante alcanza a 200 empresarios y los proyectos que se firmaran, según las fuentes, pasan por dos importantes represas en Santa Cruz, modernización del Belgrano Cargas, hasta acuerdos agrícolas por u$s 1.500 millones. También existe la posibilidad de un acuerdo swap para respaldar las reservas de nuestro país en yuanes, ya concretado uno similar años atrás.

A continuación reproducimos la nota de Florencia Carbone publicada en el diario La Nación, donde precisa con claridad y detalle, la ubicación de China en el mundo y el camino que debería seguir Latinoamérica y Argentina.

 

Pese al déficit en la balanza comercial y a la primarización del intercambio, los expertos creen que se trata de un vínculo estratégico con buen futuro; las razones por las que resultaría conveniente negociar un acuerdo comercial

China es naturalmente desequilibrante. Su superficie es 3,5 veces la de la Argentina; su población, ¡34 veces la nuestra! Pero más allá de esos números, los que generan preocupación tienen que ver con los del intercambio comercial que además de haber incrementado el déficit de nuestra balanza muestran una primarización en el intercambio. Sin embargo Jorge Castro, uno de los chinólogos más reconocidos del país, insiste en que no tiene sentido pensar la relación entre China y la Argentina en términos de un vínculo comercial asimétrico entre dos países porque la importancia de China no está ni en su tamaño ni en su población ni en su producto sino en que con su irrupción en el comercio mundial modificó en forma irreversible los términos de intercambio globales y al mismo tiempo la estructura del proceso de acumulación en el sistema capitalista del siglo XX.

“Junto con el resto de los países asiáticos, India en primer lugar, cambió los términos de intercambio global con una caída sistemática del costo de los bienes de producción especialmente de equipo y capital de alta tecnología cuyos precios se están desplomando, acompañado esto por un boom en el precio de las materias primas, granos y alimentos, y esto transforma las estrategias de desarrollo de todos los países emergentes, sobre todo aquellos que como la Argentina y Brasil aspiran a protagonizar un desarrollo industrial y manufacturero. Por eso sugiero que acepten de inmediato la invitación formulada hace un año y medio por China para iniciar negociaciones para un acuerdo de libre comercio”, dijo.

Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico, organizó junto con el Programa de Agronegocios y Alimentos de la UBA el Seminario “Argentina-China, la agroindustria como puente entre nuestras sociedades. Reflexiones ante la visita del Presidente Xi Jinping”, que llegará al país el próximo sábado.

Aunque la idea de aceptar el convite para comenzar a analizar un posible acuerdo comercial encontró eco positivo en otros expositores como Félix Peña (Fundación ICBC) y el empresario Gustavo Grobocopatel, no faltó quien desde el auditorio hiciera conocer sus temores ante la liberalización del acceso comercial para China. Fue entonces cuando Castro esgrimió su teoría de por qué la relación de China con Brasil y la Argentina “tiene una característica particular” que la distingue de la que pueda tener con el resto de los países de la región.

“China tiene hoy dos TLC en América del Sur: uno con Chile y otro con Perú. En los dos casos se trata de grandes exportadores de materias primas, especialmente minerales, sobre todo cobre. Mientras que en la Argentina y Brasil está la clave de su seguridad alimentaria para los próximos 20 años. Por primera vez en su historia de 5000 años, China puso el eje de la seguridad alimentaria para su población en la plataforma de alimentos que está en América del Sur y esto le otorga a la relación con la Argentina y Brasil un tono estratégico especial. Pero hay una segunda cuestión. Estos dos países junto con México son las tres potencias industriales de América latina. Por eso en la negociación de un TLC, un aspecto fundamental es el papel a cumplir por la inversión china en manufactura en el desarrollo industrial de ambos países sobre todo en la etapa de la nueva revolución industrial”, explicó.

Fernando Vilella, director del Programa de Agronegocios y Alimentos de la UBA, agregó otro dato. “A pesar de la alta tasa de crecimiento de su producción de alimentos, en 2030, Asia sólo podrá abastecer el 74% de sus necesidades de alimento. Eso significa que entre 800 y 1000 millones de personas comerán sólo si va comida de otros lugares, y esos sitios son: América del Norte, América del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Ucrania. Por eso viene el presidente chino, entre otras cosas. No hay muchos lugares donde aprovisionarse en calidad y cantidad. También pueden tener que ver los minerales y el petróleo, pero creo que esto es sustantivo.”

Peña cree que para abordar de manera exitosa la relación “con China y su región” es necesario hacerlo con una visión estratégica y saber detectar hechos cargados de futuro. “Mientras en 1991 la participación de China en el comercio mundial era cinco veces menor a la de Estados Unidos, este año es casi igual, y esto es un movimiento que recién empieza.” Coincidió en que más allá de que los datos cuantitativos impactan, el análisis cualitativo es fundamental. Señaló que un informe de Cepal muestra cómo en 2012 China significaba en materia de inversión directa en el extranjero US$ 88.000 millones (lo que lo ubicaba como tercer inversor mundial), pero lo más interesante es observar cómo en los dos o tres últimos años las inversiones se han orientado más hacia sectores con tecnología incorporada y no sólo hacia recursos naturales o desarrollo de infraestructura. “Las inversiones se originaron en 16.000 entes domésticos que establecieron en 2012 22.000 empresas en 179 economías. China está en muchos sitios”, comentó.

Si de seducción se trata, China tiene con qué. Castro desglosó una serie de datos.

  • Según Naciones Unidas, este año la economía China es la primera del mundo en términos de capacidad de compra doméstica.
  • En 2001, al ingresar a la OMC representaba 20% del comercio de EEUU; en 2005 40%, hoy lo superó y en 2030 lo duplicaría.
  • China es un país que creció durante 33 años a la tasa más alta: 9,9% en promedio, durante el período más prolongado del capitalismo desde la Revolución Industrial.
  • El indicador decisivo de la economía china con vistas al futuro que afecta directamente a los países de América latina y especialmente de América del Sur es lo que sucede con el consumo en el ámbito doméstico. Las previsiones del Banco Mundial para los próximos 10 o 20 años indican que su producto bruto tras haber crecido 9.9% anual en últimos 33 años alcanzaría 7% de incremento entre 2014 y 2020 para estabilizarse luego en 5% anual en el período que comienza en 2028 y que esa desaceleración está acompañada por un extraordinario incremento del consumo que pasaría de 48,6% del producto bruto en 2010 a 66% en 2030.

Vilella recordó que desde 2010, por primera vez en la historia, hay más personas viviendo en ciudades que en el campo y que detrás de ese cambio hay grandes transformaciones. Respecto de la dieta, mencionó que quienes viven en las ciudades consumen el doble de proteínas: comen menos arroz, maíz y trigo, más papa, carne vacuna y mucha más carne de peces, de cerdo, pollo, aceite y azúcar. “Esto se da en 20 millones de personas que cada año cambian de la situación rural a la urbana. Se estima que hacia 2030 las importaciones de proteínas de origen animal crecerán entre 75% y 88%, mucho más que la soja, que lo haría 15%”, dijo.

Luego, comentó que si se analizan las importaciones de alimentos e insumos no commodities cuyas importaciones chinas globales fueron mayores a US$ 10 millones anuales, se observa que mientras en 2010 China importó US$ 13.796 millones, la cifra trepó a US$ 20.490 en 2012. De eso, los países del hemisferio sur le vendieron US$ 4075 millones y US$ 5955, respectivamente, pero la Argentina US$ 284 en 2010 y apenas US$ 182 millones en 2012. Es decir, 36% menos. “Oportunidades hay, habrá que hacer los deberes. En un contexto en el que ese tipo de ventas para la región aumentó 46%, para el país se redujeron 36%”, señaló.

Gustavo Grobocopatel, de Los Grobo, aseguró: “Sabemos qué producir y cómo, pero no estamos condenados al éxito. Tenemos algunos desafíos. Para que este proceso sea exitoso y profundo tiene que incluir a la mayor cantidad de gente posible y generar bienestar colectivo. Por eso es muy importante no sólo discutir el qué hacer sino cómo hacerlo. Y no me refiero a temas vinculados con la tecnología sino a la organización. Si este desarrollo se hace como un intercambio de bienes y servicios y no hay organizadas estructuras de cadenas de valor, asociaciones chinas, argentinas y brasileñas, y eso no se asienta en una buena calidad organizacional, este proceso puede tender a complicarse”.

Durante su exposición, Vilella enfatizó: “Lo más relevante que está pasando en China tiene que ver con la educación. Hay 200 millones en todos los niveles educativos. Sólo este año ingresaron 4 millones de estudiantes a las universidades. Hay 37 millones en el sistema universitario (estudian en 2400 universidades que hacen que sea el sistema de educación superior más grande del mundo). El 40% de los estudiantes ingresan a las carreras tecnológicas de ingeniería. En 2012 hubo 705.000 nuevos ingenieros; en India 350.000; en Estados Unidos 75.000; en Argentina 12.000. En 2020 habrá más de 20 millones de ingenieros y decenas de millones de personas con oportunidades de salir del campo y obtener un trabajo urbano. ¿Cómo competiremos con 20 millones de ingenieros y 600 millones de obreros aunque ya no sean tan baratos? ¿En qué rubros y en qué cosas nos quedan espacios en un mundo tan complejo?”.

Todo indica que la relación con China -y su barrio- va mucho más allá de los números de la coyuntural balanza comercial.

Florencia Carbone – La Nación