Wall Street se ajusta a las reglas de Washington

Cuatro años después de la promulgación de la ley financiera conocida como Dodd-Frank en Estados Unidos, el aparato regulador de Washington ha provocado cambios fundamentales en Wall Street.

Los bancos se están deshaciendo de líneas de negocios rentables, se retiran del mercado de financiación a corto plazo, cortan lazos con operaciones que podrían atraer un mayor escrutinio de los reguladores y levantan defensas para afrontar crisis futuras. Si bien sus ganancias se mantienen al alza conforme recortan costos y reducen los fondos destinados a cubrir posibles pérdidas futuras, su motor de ganancias tradicional -el corretaje- muestra señales de debilitamiento, en momentos en que se alejan de algunas actividades ante la presión regulatoria.

La semana pasada, Goldman Sachs Group Inc. anunció que recortó US$56.000 millones, o cerca de 6%, de su balance durante el segundo trimestre, la mayor reducción con respecto a los tres meses previos desde el punto más álgido de la crisis financiera. Su director financiero, Harvey Schwartz, dijo que el banco de inversión avanza “de forma preventiva para cumplir con acontecimientos regulatorios”, incluido el proceso anual de “pruebas de resistencia” de la Reserva Federal, en el cual los bancos deben demostrar que pueden capear épocas económicas difíciles.

Morgan Stanley ha eliminado un tercio de sus activos desde la crisis de 2008, reducido su operación de corretaje de renta fija y aumentado su enfoque en la gestión de patrimonio, donde las firmas cobran honorarios de inversionistas particulares en lugar de poner en riesgo sus balances invirtiendo su propio dinero, otorgando préstamos y realizando operaciones. Citigroup Inc. se ha desprendido de casi US$700.000 millones en activos no esenciales, incluidos más de 60 negocios, y hace poco indicó que vendería sus filiales de consumo en España y Grecia.

En tanto, Bank of America Corp. ha vendido más de US$70.000 millones en negocios y otros activos desde 2010, incluidos los que exigían que el banco mantuviera una gran cantidad de capital como garantía. También ha eliminado 746 entidades legales, una reducción de 36% desde el final de 2009. Entre los activos que recortó hay inversiones de private equity, algunos negocios de tarjetas de crédito y una gran parte de su división hipotecaria.

“La ley Dodd-Frank sin dudas catalizó grandes cantidades de simplificación y estamos avanzando mucho más allá a través de nuestras propias iniciativas”, afirma James Mahoney, un vocero de Bank of America.

Los reguladores bancarios señalan los cambios en Wall Street como evidencia de que sus esfuerzos por eliminar el riesgo del sistema financiero están funcionando. “Realmente, estamos en un lugar sustancialmente distinto, y un lugar mucho mejor”, sostiene Thomas Curry, contralor de la moneda de EE.UU.

Sin embargo, las medidas de los bancos no alcanzan para despejar los temores de algunas autoridades y legisladores sobre la continua vulnerabilidad de la economía en general al potencial colapso de una firma financiera de gran tamaño e interconectada. Los bancos se están volcando más al riesgo conforme intentan compensar el débil crecimiento económico, las bajísimas tasas de interés y los mayores costos para adaptarse a las regulaciones, aunque sus apetitos siguen siendo más moderados que en las épocas previas a la crisis.

Los préstamos apalancados sindicados en EE.UU. ascendieron a US$1,244 billones (millones de millones) en volumen de acuerdos en 2013, frente a US$893 millones en 2012 y US$1,191 billones en 2007, antes de la crisis, según datos de Dealogic. Los bancos otorgan gran parte de estos préstamos para financiar compras apalancadas.

El presidente estadounidense, Barack Obama, avivó el debate este mes, al decir que las autoridades deben considerar la implementación de más cambios para asegurar que el sistema bancario “haga lo que debe hacer para que crezca la economía real, pero no una situación en la que sigamos viendo que muchos de estos bancos asumen grandes riesgos”.

Legisladores de los dos grandes partidos estadounidenses siguen convencidos de que hacen falta más medidas drásticas para terminar con el problema de las entidades “demasiado grandes para quebrar”, o los bancos que tienen tal tamaño y están tan interconectados que el gobierno necesitaría rescatarlos para no correr el riesgo de que provoquen un colapso del sistema financiero en general. Las propuestas legislativas incluyen dividir grandes bancos, elevar aún más los requisitos de capital e imponer un gravamen a las mayores firmas financieras.

Analistas y banqueros de Wall Street sostienen que Washington se arriesga a imponer demasiadas reglas adicionales, que podrían obligar a las firmas a retirarse de actividades clave como los préstamos, que ayudan a impulsar el crecimiento económico.

Entre los mayores 25 bancos comerciales de EE.UU., los créditos aumentaron casi 2% en junio frente a un año antes, según un análisis realizado por SNL Financial en base a datos de la Fed.

Los grandes bancos ya se están marginando de uno de los principales motores de financiación de Wall Street: el mercado de recompra, o “repo”, donde firmas e inversionistas intercambian valores por billones de dólares en préstamos a corto plazo. Algunos de los motivos son una nueva relación de apalancamiento que exige que los grandes bancos conserven capital extra contra todos los activos en sus libros, no sólo los que se consideran riesgosos. Esto dificulta obtener ganancias en lo que antes de la crisis ya era un negocio de bajos márgenes y alto volumen, señalan banqueros y analistas.

Victoria McGrane y Julie Steinberg  | The Wall Street Journal Americas

 

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