La decisión boliviana y la evolución del Mercosur

 

El cambio del sentido en el que giran las agujas en los relojes oficiales del país vecino es una alegoría de los pasos que da el bloque sudamericano respecto de las decisiones comerciales que toma, no sólo la región, sino el resto del mundo

Por lo menos como alegoría, la decisión del gobierno boliviano de hacer que en los relojes oficiales las agujas giren hacia la izquierda podría servir para definir lo que pasa con el Mercosur, que está marchando en sentido opuesto al del resto del mundo, y alejado de las rutas iniciales plasmadas en el Tratado de Asunción de 1991 y demás documentos en los que fue tomando forma y dimensión.

Surgen diferencias y distancia entre las expectativas de aquellos legisladores y la situación actual. Se superó una presidencia pro témpore de Venezuela, casi ausente e inactiva que, entre otras cuestiones, convocó a una sola cumbre y pocas reuniones del Grupo Mercado Común (GMC) desde junio de 2013; no conformó su sección nacional del Foro Consultivo Económico y Social, y propuso una zona de libre comercio complementaria entre el Mercosur, la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y el Petrocaribe, casi desconociendo otros emprendimientos que se están movilizando en la región.

En tanto, el mundo, el continente americano y América del Sur desarrollan sus estrategias orientándolas hacia un concepto común: la globalización regional .

En estos proyectos, el Mercosur y sus países miembros no están incluidos formalmente, a la inversa de otros países latinoamericanos que participan y fundamentan en los mismos su evolución económica y el bienestar futuro de sus comunidades.

Hasta especialistas norteamericanos señalan que, si bien por presiones de Venezuela y Argentina, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) no prosperó, el objetivo de la iniciativa estaría casi alcanzado con los acuerdos bilaterales logrados con una importante cantidad de países latinoamericanos.

Incompleto

Por otra parte, desde 1998, el Mercosur está negociando el pilar comercial del acuerdo de asociación con la Unión Europea sin completarlo.

Infinidad de reuniones y discursos de apoyo a todo nivel y una multitud de intenciones “no practicadas” no han conseguido perforar la rutinaria falta de cumplimiento de planes, programas y desarrollos, uno de los últimos asumido en la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en Chile, en enero de 2013 (intercambiar la lista de ofertas en diciembre de ese año).

Se sigue en el análisis casi recurrente de disidencias y culpas intercambiadas en cada región por las reiteradas prórrogas de reuniones, en tanto que hasta Ecuador ha logrado cerrar sus negociaciones de un acuerdo comercial con la Unión Europea, tal como se anunció hace semanas.

Lo sintéticamente descripto justifica la confusión y el desaliento de los sectores empresarios del Mercosur, que observan cómo países asociados (como Chile, Colombia y Perú) avanzan decididamente en sus proyectos, en tanto que el bloque parece detenido en sus ambiciones, o sus acciones se orientan hacia posibilidades tan diferentes que exige una profunda tarea de estudio para interpretar sus razones y objetivos, no siempre informados, ni compartidos, ni aclarados a los dueños de las inversiones y propulsores de las demandas laborales, entre otras cuestiones.

A lo anterior se agrega que instituciones como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señalan el impacto de las cadenas globales de valor, y enfatizan su imprescindible aplicación, en tanto que desde lo académico se indica la importancia de visualizar los polos de desarrollo mundial focalizándose en los megaacuerdos globales.

Sólo enunciados

Pero estas acciones se expresan en un escenario ajeno a esas concepciones, por lo que no se encuentra el plano en el que puedan ser aplicadas, y tampoco la sustancia ideológica, por lo que el Mercosur no estaría preparado para el uso de éstos. De allí que las sugerencias no superen el límite de la enunciación, sin ser decodificados para el desarrollo de planes estratégicos.

La propuesta del canciller chileno Heraldo Muñoz de explorar una “convergencia en la diversidad”, entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico denota cierto sesgo más voluntarista que realista, dadas las sensibles diferencias entre ambos bloques.

Sólo dudas surgen como corolario de lo descripto: ¿qué pasa con el Mercosur? ¿Sus países miembros están desalentados? ¿Por qué se mantienen las dificultades internas para el desarrollo comercial? ¿Por qué sólo los miembros “pequeños” miran hacia otros lados sin poder avanzar por supuestas normas internas que lo impiden? ¿Por qué no se trasparenta la situación real de las negociaciones con la Unión Europea?

Y las preguntas continúan: ¿cuáles son los objetivos de los socios mayores, que mantienen políticas y normativas de orden más proteccionistas que aperturistas, pretendiendo generar atracción a los países o grupos de países trascendentes en la economía mundial? ¿Por qué el bloque se halla “desconectado” de las tendencias internacionales, que están generando las rutas del desarrollo para los próximos cincuenta años?

En definitiva, el Mercosur, en esta nueva presidencia pro témpore a cargo de la Argentina debería generar cambios profundos para consolidar un horizonte de confianza general y efectivo, en el que las empresas puedan fundamentar sus expectativas de inversión y desarrollo, no tan lejos de las orientaciones de los países o regiones centrales.

O sea, lograr que las agujas del reloj regional giren según los usos y costumbres tradicionales.

A dónde va el mundo

En América del Sur, la Alianza del Pacífico continúa sumando adherentes a los 32 ya aceptados (incluidos Uruguay y Paraguay). El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), con la participación de 12 países, incluidos Chile, Perú y México, fundadores de la Alianza del Pacífico y dos con acuerdos con el Mercosur.

En el Oriente se consolida la unión de naciones asiáticas con un acuerdo regional entre diez miembros del Asean y seis países asociados (total 16 países).

La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), entre la Unión Europea y los Estados Unidos en negociaciones (sobre todo de estándares), supuestamente beneficiosas para su crecimiento económico, para generar inversiones de carácter productivo con demanda de empleo asociada.

Carlos R. Restaino  | Para LA NACION

El autor es consultor sobre temas de comercio internacional y director de Axxionar-C. Restaino y Asociados..

http://www.lanacion.com.ar/1719327-la-decision-boliviana-y-la-evolucion-del-mercosur

 

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