El discurso marketinero de Donald Trump

Donald Trump Codigo 05.08.15

 

El lema de la campaña de Donald Trump es “Make America Great Again!”(Volvamos a hacer grande a América). Tal vez, un mejor slogan podría ser “Sólo en Estados Unidos.”

No se podría pedir una mejor ilustración de la complejidad de las actitudes de los estadounidenses comunes hacia la clase, la riqueza y la identidad social que el hecho de la popularidad de un multimillonario entre los votantes de la clase trabajadora, que lo ha llevado a liderar la carrera por la nominación Presidencial Republicana.

En una reciente encuesta del Washington Post / ABC, Trump fue el candidato elegido por un tercio de los republicanos blancos sin educación universitaria. Los votantes de la clase trabajadora enfrentaron al estancamiento de los salarios y a las perspectivas de una disminución del empleo, y una encuesta de 2014 encontró que el setenta y cuatro por ciento de ellos piensan “que el sistema económico estadounidense generalmente favorece a los ricos.” En consecuencia, ¿por qué diablos iban a apoyar a un millonario?

Parte de la respuesta es la retórica local y populista de Trump. Pero también su riqueza lo está impulsando. El encuestador demócrata Stanley Greenberg, quien tiene muchos trabajos sobre las actitudes de la clase trabajadora blanca, me dijo: “El mayor problema para estos votantes es la corrupción del sistema político. Creen que las grandes compañías compran influencia, mientras que la gente común no existe. “La riqueza de Trump le permite mostrarse a sí mismo como alguien que no se puede comprar, mientras que sus competidores son como esclavos de sus donantes.  “No me importa una mierda los grupos de presión,” proclamó Trump en un evento en mayo. Y su discurso sobre temas que otros candidatos no mencionan, como la inmigración y el comercio, refuerza el mensaje que su dinero le hace libre.

Trump también ha tenido éxito en presentación de sí mismo como un self-made man, que ha prosperado gracias a tomar decisiones inteligentes. De hecho, Trump nació en dinero, su primer gran éxito inmobiliario fue la transformación del Nueva York Commodore Hotel en el Grand Hyatt, que fue posible gracias a una reducción de impuestos por valor de cientos de millones de dólares. Sin embargo, muchos votantes ven en Trump a alguien que encarna el sueño americano de hacer su propia fortuna. Y ese sueño sigue siendo sorprendentemente potente: en una encuesta de Pew 2011, el trabajo duro y el esfuerzo personal (no conexiones familiares o suerte) fueron los factores que los encuestados citaron con mayor frecuencia para explicar por qué la gente progresa. Incluso reconociendo que la riqueza de Trump es para su beneficio, lo reconocen como un tipo común que lo que tiene de genial es ser rico.

Para alguien que habla mucho sobre sus triunfos, Trump tiene un currículum salpicado de algunas pérdidas. En cuatro ocasiones, compañías en las que el había estado involucrado quebraron. Sin embargo, estas quiebras no han hecho mella en su reputación. Si contribuye en cambio, a la sensación de que ha tenido que hacer frente a la adversidad. En otros países, estos fallos podrían haber llevado a que sea muy difícil hacer campaña como un empresario visionario. Pero los EE.UU. siempre han sido excepcionalmente tolerantes, tanto en términos de actitud y como hacia la ley, hacia el fracaso empresarial y la quiebra. De hecho, Trump se jacta de cómo se utiliza las leyes de bancarrota para obtener mejores ofertas para sus empresas. Él decía no hace mucho tiempo, “He usado las leyes del país a mi favor.”

Trump no es el primer plutócrata occidental que incursiono en la política. Pensemos en William Randolph Hearst o, más recientemente, Silvio Berlusconi. Pero tanto Hearst y Berlusconi se beneficiaron controlando imperios mediáticos. Trump gano divulgación por su propia cuenta. Como otros han observado, el hombre de negocios que más se le parece es P.T. Barnum, cuyo éxito se basaba en lo que él llamó “farsante”, definido como “poner brillantes apariencias… con lo cual controla súbitamente la atención del público y atrae su vista y su oído. ” La idea clave de Barnum en cómo atraer la atención del público fue, hasta cierto punto, el motivo por el cual los estadounidenses disfrutan de la exageración descarada. Ningún empresario estadounidense desde Barnum ha sido mejor maestro de embaucamiento que Trump.

Pensemos cual es la fortuna de Trump. Es imposible conseguir una contabilidad definitiva de su riqueza, ya que casi todo está en activos, principalmente de bienes raíces que no tienen valores claros mercado. Aun así, él es claramente enormemente rico. Bloomberg estima su fortuna en $ 2.9 billones, mientras que Forbes estima en $ 4.1 billones. Pero Trump no está de acuerdo: según él, gracias al valor de su marca, vale al menos, la friolera de diez billones. Este número parece absurdamente exagerado. Pero hay una especie de genio en lo absurdo. Trump entiende que sólo un número realmente increíble puede “atraer la atención los ojos y el oído del público.”

La falta de interés de Trump en la política y su retórica incendiaria hace difícil que pensemos en el como un candidato serio, y es altamente improbable que en última instancia pueda ganar la nominación. Pero su extraña mezcla de mensaje populista y formas deslumbrantes le ha permitido conectar con precisión los votantes que cualquier candidato republicano necesita para ser elegidos (incluyendo muchos que Romney no pudo llegar). Como dice Greenberg, siempre que él este en carrera, “Trump es un gran problema para el Partido. Él está apelando a una parte muy importante de la base, y pone en el tapete los asuntos que los otros candidatos no quieren hablar.”

Los republicanos pueden estar rezando para que su campaña sea sólo una broma, pero por ahora, Trump es el único que ríe.

James Surowiecki

http://www.newyorker.com/magazine/2015/08/10/donald-trumps-sales-pitch