Las fábricas chinas subsisten produciendo nuevas tecnologías

China nuevas tec. Codigo 16.02.2016 

Shenzhen Rapoo Technology Co., que durante años fabricó teclados y ratones para computadoras, utiliza sus brazos robóticos para producir drones y otros productos de mayor margen.

SHENZHEN, China—En momentos en que los inversionistas globales se preocupan por la salud de la economía china, algunos fabricantes en la región industrial del sur del país asiático cifran sus esperanzas en ascender en la pirámide tecnológica.

Dentro de la planta del atribulado fabricante de electrónicos Shenzhen Rapoo Technology Co., brazos robóticos que durante años se movieron y doblaron para producir teclados y ratones para computadoras ahora hacen drones.

La compañía espera que estos productos generen mayores márgenes y hallen nuevos clientes a medida que su negocio original se contrae.

Al igual que muchas empresas de Shenzhen —la ciudad en la frontera con Hong Hong que contribuyó a la industrialización de China en los últimos 35 años con la producción masiva de juguetes, ropa y artículos para el hogar baratos para el mundo—, Rapoo está en una carrera contrarreloj para encontrar nuevos mercados que le permitan volver a prosperar.

“Si dominas bien sólo un movimiento, ¿puedes realmente ser invencible y no tener que cambiar por 10 años?”, se pregunta Xie Haibo, de 37 años, secretario de la junta directiva de Rapoo, mientras prepara una reunión con posibles clientes. “Ese el tipo de problema que enfrentamos, así que necesitamos transformarnos, transformarnos, transformarnos”.

A lo largo de Shenzhen, pequeños fabricantes están produciendo impresoras 3-D, patinetas eléctricas conocidas como hoverboards y robots con la esperanza de seguir creciendo, una estrategia alentada por visitas e incentivos financieros de los líderes del país.

El gobierno desea que la modernización ayude a China a superar su dolorosa transición de un modelo económico basado en la inversión en infraestructura a uno orientado al consumo.

La ciudad que Deng Xiaoping designó a fines de los años 70 para liderar las reformas de mercado está nuevamente mostrando el camino. El año pasado su economía creció 8,9%, superando la expansión nacional de 6,9%. La manufactura avanzada y de alta tecnología creció a casi el doble del promedio nacional, en términos del Producto Interno Bruto.

Los problemas económicos de China son en gran medida imperceptibles en esta ciudad, en contraste con las localidades deprimidas construidas en torno a empresas mineras y siderúrgicas estatales que sufren los estragos de un colapso de la demanda.

Shenzhen alberga al mayor fabricante mundial por ingresos de drones, SZ DJI Technology Co., tiene un floreciente entorno de startups y gigantes de la tecnología como Tencent Holdings Ltd. y Huawei Technologies Co., el principal proveedor del mundo de equipos de redes de telecomunicaciones.

La desaceleración económica incluso ha traído un beneficio inesperado para los otrora ajetreados fabricantes de equipos informáticos y startups: un exceso de capacidad fabril.

“Tienen líneas de fábricas que se mantienen ociosas, máquinas sin utilizar, personal que solamente están costando y no están siendo usados, por lo que podrían ser aprovechados en nuevos proyectos”, dice Benjamin Joffe, socio de la aceleradora de startups HAX, con sedes en San Francisco y Shenzhen.

En Huaqiangbei, el distrito comercial de la ciudad donde miles de puestos venden todo tipo de componentes electrónicos imaginables, los compradores aún abarrotan los centros comerciales. Dentro de uno, Quenton Lee, gerente de operaciones de la startup Dreamcubics 3D Printing Co., dice que el negocio marcha viento en popa. Lee cuenta que fundó la empresa en 2013 y vende impresoras 3-D por entre 3.000 y 800.000 yuanes (US$460 a US$122.000) por unidad, en su mayoría a fábricas chinas. El año pasado, Dreamcubics vendió alrededor de 300 impresoras, 50% más que en 2014, afirma.

“Las impresoras 3-D son una buena manera para que las empresas reduzcan el costo de investigación y desarrollo porque pueden probar ideas de forma más barata”, señala.

Rapoo está haciendo una apuesta similar a los drones. Los ingresos por los teclados y ratones que fabricaba para marcas extranjeras han caído cerca de 12% al año desde que Rapoo facturó 650 millones de yuanes en 2010. Los márgenes de ganancias de esos productos se han reducido de 33% en 2011 a 26% el año pasado, según documentos de la empresa. En cambio, los drones ofrecen un margen de más de 40%.

La estrategia de Rapoo sigue siendo arriesgada, pero por lo menos se ha trasladado a uno de los sectores de mayor expansión de China. La producción de equipos y vehículos aeroespaciales, incluidos drones, crece a cuatro veces la tasa de 7% del sector manufacturo en general. También ha conseguido desde 2014 unos 5 millones de yuanes del gobierno en subsidios de capacitación y concesiones, según sus documentos.

El producto insignia de Rapoo es la serie Xiro de cuadricópteros de marca Xplorer, que cuestan entre US$330 y US$699 y son producidos en sociedad con un desarrollador de drones de Beijing.

La empresa conjunta firmó el mes pasado una alianza con Tencent para desarrollar minidrones plegables que los consumidores pueden llevar consigo e integrarlos más fácilmente a sus plataformas de redes sociales.

La firma de investigación de mercado IDC prevé que la demanda de drones equipados con cámaras en China alcance los 3 millones de envíos en 2019. No obstante, la competencia es feroz y Rapoo planea levantar cerca de 1.100 millones de yuanes de inversionistas privados para financiar una expansión.

La empresa ha advertido a los inversionistas que proyecta su primera pérdida anual en 2015, la que atribuye a una infructuosa inversión en videojuegos móviles, pero también ha indicado que espera volver a la rentabilidad en el primer trimestre de este año gracias al rápido crecimiento de sus nuevos negocios.

Otros fabricantes han comenzado a pedirle ayuda a Rapoo para automatizar sus propios procesos, otro potencial negocio lucrativo, según ejecutivos de la empresa. Los pedidos de sistemas robóticos de Rapoo, que sirven para probar y empaquetar electrónicos de consumo, entre otras cosas, se más que triplicaron entre 2014 y 2015 para llegar a 65 millones de unidades, según Xie.

No adaptarse puede resultar fatal. Apenas 20 kilómetros al oeste de Rapoo, una fábrica de Shenzhen, G. Credit Electronics Co., está paralizada. El fabricante por contrato de teléfonos móviles y componentes cerró de golpe en Navidad.

En Rapoo, Xie mantiene la cautela, citando una frase china que dice: “Cuando un nido de pájaro se voltea, ningún huevo puede permanecer intacto”.

No obstante, menciona con orgullo que el gobierno seleccionó el año pasado a la empresa como uno de los 46 proyectos de “demostración” en todo el país por su uso de robots, un respaldo que podría ayudarle a conseguir nuevos negocios.

“Sin importar cuán difícil se vuelvan las cosas, creo que aún habrá empresas que sobrevivan y estén mejor”, asevera.

GILLIAN WONG

— Yang Jie y Eva Dou contribuyeron a este artículo.

The Wall Street Journal Americas